Socorro, la eternidad de un momento

Hace 12 años, mi madre dejó de sufrir de ese cancer silencioso que la mantuvo postrada en cama durante un año. Hace 12 años que el alma de mi madre, o mi ama, como solía decirle, partió de la Tierra. Seguramente está en su cielo, en el que ella creía con tanto fervor. La religión fue su refugio en sus últimos años.

Aquel 11 de enero fotografié el cielo que la acompañó en su último día con nosotros. Ni siquiera pudo despedirse; para entonces, ya no podía pronunciar una palabra, solo sentía dolor. Ayer hablaba aún sobre el miedo que tengo a la muerte, sin recordar que ya habia pasado más de una década de su muerte.

La sigo evocando, de diversas formas. Conservo esa blusa rosa que le regale y uso en dos fotografias donde aparecemos las dos. Le pido perdón por el egoísmo que tuve en ese entonces y confieso que aún me hace falta en mi vida. A veces solo quisiera poder preguntarle preguntas banales como cuál era su color favorito o simplemente darle un abrazo.

La sigo recordando, y cuando me pregunto por qué me gusta la fotografia, tal vez sea porque puedo volver a verla a traves de las fotografías que aun conservamos de ella o que tome. Justo hoy, al ver de nuevo la imagen de ese cielo azul claro que tome ese 11 de enero de 2014, (aunque yo no crea en eso) quiero pensar que esta ahi, en su cielo

Hay algo que siempre quise saber, como se veria en su niñez, no se si sea muy acertado el resultado, esto fue lo que una aplicación de imagenes de IA genero de ella a los 8 años.

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